¿Te ha pasado? Incluso los momentos de ocio también se
pueden perder.
Andar corriendo es el mal de todos los días. Adictos a la
adrenalina. Impacientes. Sin tiempo para la calma, la contemplación y el goce.
Nos llenamos de obligaciones y tenemos el discurso y la
intención de ser productivos. Pero, ¿realmente lo logramos?
El perder el tiempo parece ser parte de esta ecuación
trabajólica, y no se trata de descansar, salir con los amigos, disfrutar del
ocio o hacer deporte. Sino que es más simple y preocupante.
Según explica el psicólogo Miguel Ángel Palacios (www.yocambioahora.cl)
estaríamos programados para movilizarnos hacia el placer y evitar el displacer,
lo que se haría casi en forma automática.
“Cuando por cualquier motivo no
estamos totalmente presentes y en estado alerta, funcionamos distraídos y opera el modo automático. Es por eso
que sólo cuando conscientemente nos enfocamos, podemos recién ponernos a trabajar
en lo que debemos hacer”, afirma.
Pero también, a su juicio, es común que tengamos respuestas
evitativas para enfrentar plazos y
las entregas.
“Puede entrar en el juego el miedo a fallar, el miedo a que
sea juzgado por la tarea, los niveles de ansiedad que implica querer hacer bien
el trabajo, lo que se traduce en ansiedad o angustia por querer impresionar a
la persona que recibe el trabajo”, añade.
Ahora también está la invasión de las redes sociales y
nuestras conductas obsesivas-compulsivas que nos llevan a engancharnos a cada
rato con el teléfono, la compu o el Tablet.
“Es que esos son espacios donde nos podemos esconder por un
rato de lo displacentero que implica el deber”, advierte
Sin embargo, para la psicóloga Marisol Castillo el perder el
tiempo tiene que ver con una pérdida o ausencia de objetivos de vida claros.
“Nuestra cultura no favorece el desarrollo de la lógica
real, aprender a discriminar,
elegir, clasificar, jerarquizar ni reconocer nuestras diferencias, metas
o propósitos para coexistir en una sociedad”, reflexiona.
En ese sentido, aconseja respetar las propias expectativas
para dejar de ser pequeños robots o esclavos del teléfono, redes sociales, trabajo
o un sistema que no deja otra alternativa que la evasión.
¿Cómo mejorar tus
tiempos?
Para evitar caer en las redes de la procrastinación o postergación, la periodista inglesa Jessica Stillman publicó en la revista Inc (www.inc.com) una lista de consejos para dejar de perder el tiempo, y de paso, pensar en ordenar y cambiar ciertas conductas que nos impiden trabajar, ser productivos y alcanzar nuestras propias metas.
Correo electrónico en el teléfono: Ignora las notificaciones y concéntrate en lo que estás haciendo. Luego, al terminar date tiempo revisar la bandeja de entrada. Ganarás concentración y optimizarás tu tiempo.
Para evitar caer en las redes de la procrastinación o postergación, la periodista inglesa Jessica Stillman publicó en la revista Inc (www.inc.com) una lista de consejos para dejar de perder el tiempo, y de paso, pensar en ordenar y cambiar ciertas conductas que nos impiden trabajar, ser productivos y alcanzar nuestras propias metas.
Correo electrónico en el teléfono: Ignora las notificaciones y concéntrate en lo que estás haciendo. Luego, al terminar date tiempo revisar la bandeja de entrada. Ganarás concentración y optimizarás tu tiempo.
La tecnología para todo: ¿Realmente necesitamos que la tecnología organice nuestra vida? ¿Es necesario escribir una nota de aviso en vez de pegar un post it en el refrigerador. A veces, ocupamos tantas aplicaciones que el solo hecho de actualizarlas lleva más tiempo que utilizar a la vieja agenda o tu cuaderno personal.
Estar constantemente disponible: No está de más establecer ciertas fronteras para evitar pasar el día en contacto con los demás, ya sea en persona, por teléfono o correo. Por ejemplo, no contestar el teléfono en ciertas situaciones o pedir un segundo si alguien te habla.
Deja de improvisar: Probablemente nos cundiría más si hiciésemos todos los días lo mismo al levantarnos, al llegar a la oficina y marcharnos. Elige una rutina y deja tiempo y espacio mental para tomar decisiones o hacer algo verdaderamente interesante o divertido.
La inspiración no llega: Es la base de toda procrastinación o postergación. Sorpresa, la inspiración aparece cuando nos ponemos en marcha. Pero se irá si te pones a hacer otras cosas obsesivo-compulsivas como revisar tu teléfono a cada rato. Una buena táctica de ordenación mental es hacer algo inmediatamente o asignarle una fecha determinada.
Dejar de discutir: El diálogo es bueno, pero hay que saber cuando dar la razón o imponer autoridad. Recuerda que muchas de las confrontaciones terminan convirtiéndose en algo personal, totalmente ajenas al trabajo.
Soluciones temporales: Olvídalas. Aunque te tome menos tiempo que solucionar completamente la situación. Afróntalo rápidamente y olvídate de ello.
Reuniones que no terminan en nada: El problema es que nos gusta reunirnos porque nos hace sentir importantes, productivos y perder nuestro tiempo sin tener mala conciencia.
Impresionar a los demás: ¿De verdad necesitamos pasar tantas horas en el gimnasio, maquillándonos, vistiéndonos como pinceles, seleccionando la fuente idónea para un correo electrónico o siendo absolutamente perfeccionistas? En el punto medio se encuentra el equilibrio, y hay una frontera en la que el detallismo pasa a ser pura pérdida de tiempo.